Científicos de la REI proponen un catálogo para que los biomarcadores de imagen hablen el mismo idioma en el ámbito sanitario
Valencia, 21 de julio de 2026.- Los biomarcadores de imagen son aquellos obtenidos mediante pruebas de imagen, tales como la resonancia magnética (RM), tomografía axial computarizada (TAC) o la tomografía por emisión de positrones (PET), y sirven para evaluar las enfermedades o la respuesta al tratamiento. Actualmente, desempeñan un papel cada vez más relevante en la práctica clínica, ofreciendo un tratamiento personalizado a cada paciente en combinación con otras tecnologías.
Sin embargo, los biomarcadores suelen describirse de forma heterogénea entre hospitales, especialidades médicas y organismos reguladores, lo que dificulta su comparación y reutilización entre centros. Según los autores de un estudio publicado recientemente en Insights into Imaging y en el que participan investigadores españoles integrados en la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI), esta heterogeneidad supone un gran obstáculo para alcanzar la medicina de precisión.
Para abordar este problema, los investigadores proponen un catálogo estandarizado e interoperable que permita describir los biomarcadores de imagen mediante un lenguaje común, facilitando así su integración en investigación y en la práctica clínica. "La principal ventaja es que permite que los biomarcadores de imagen se describan y documenten de forma homogénea, independientemente del hospital, la plataforma tecnológica o el área clínica en la que se utilicen", explican los doctores Pablo Rodríguez Belenguer y Paula Doria Borrell, del. Grupo de Investigación Biomédica en Imagen (GIBI230) del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS La Fe).
"La estandarización ayuda a que los biomarcadores se midan e interpreten de manera consistente entre distintos centros. Esto reduce la variabilidad de metodologías, facilita la comparación de resultados y mejora la generación de evidencia científica sólida para evaluar nuevos tratamientos", añade el Dr. Rodríguez Belenguer.
La propuesta del catálogo también puede contribuir al desarrollo de la medicina personalizada. Disponer de descriptores comunes permite conocer con precisión qué mide cada biomarcador, en qué contexto clínico resulta útil y cuál es el nivel de evidencia científica que respalda su uso. "Esto podría favorecer una selección más adecuada de biomarcadores para cada paciente y una toma de decisiones clínicas más informada", añaden los investigadores.
La inteligencia artificial es otro de los ámbitos que podría verse beneficiado. Los algoritmos necesitan grandes cantidades de datos bien caracterizados para entrenarse y validarse de forma fiable. "La interoperabilidad es un requisito fundamental. Los algoritmos necesitan datos bien definidos, comparables y trazables para poder entrenarse, validarse y utilizarse de forma fiable. Un catálogo estandarizado facilita el intercambio de información entre instituciones, mejora la reproducibilidad de los modelos y aumenta la transparencia", subraya por su parte la Dra. Doria Borrell.
El Dr. Luis Rodríguez Rodríguez, coordinador de la Red de Enfermedades Inflamatorias, subraya que esta iniciativa “representa muy bien el papel que debe jugar la REI como red colaborativa: conectar capacidades, ordenar conocimiento y facilitar que los biomarcadores desarrollados por los grupos puedan compararse, validarse y transferirse”. “La interoperabilidad no es solo un requisito técnico”, añade, “sino una condición para que la medicina personalizada pueda avanzar de forma sólida, reproducible y útil para los pacientes”.
El obstáculo de la fragmentación
Pese a todos los posibles beneficios, la incorporación de los biomarcadores de imagen a la práctica clínica y a la investigación es todavía incipiente. Según los autores, una de las principales razones es la fragmentación de la información: los datos relevantes sobre cada biomarcador suelen encontrarse dispersos entre artículos científicos, bases de datos y documentos técnicos. El resultado es que dos investigadores pueden estar trabajando con el mismo biomarcador utilizando descripciones diferentes, o que un hospital tenga dificultades para reproducir los resultados obtenidos en otro centro.
La propuesta de este equipo parte de un concepto que está transformando toda la investigación biomédica: los principios FAIR, establecidos en 2016 por un grupo de investigadores biomédicos liderados por el Dr. Mark D. Wilkinson. FAIR es el acrónimo de Findable, Accessible, Interoperable and Reusable (localizable, accesible, interoperable y reutilizable). Se trata de un conjunto de criterios diseñados para garantizar que los datos científicos puedan ser localizados con facilidad, compartirse entre distintos sistemas y reutilizarse en nuevas investigaciones.
Aunque estos principios se aplican cada vez más a bases de datos genómicas o clínicas, los autores sostienen que los biomarcadores de imagen también necesitan adaptarse a esta filosofía. La idea es sencilla: si un biomarcador se describe siempre de la misma forma, será mucho más fácil integrarlo en ensayos clínicos, sistemas de inteligencia artificial, registros sanitarios y procesos regulatorios.
Tras revisar la literatura científica, documentos regulatorios y estándares internacionales, y después de un proceso de consenso entre expertos en radiología, investigación clínica y regulación sanitaria, los investigadores identificaron los cinco elementos mínimos que deberían acompañar a cualquier biomarcador: identificación, contexto clínico, información técnica y de imagen, validación (referido al nivel de evidencia científica, respaldo regulatorio, etc.) y datos administrativos, que incluyen los aspectos relacionados con la documentación, actualización y mantenimiento del biomarcador a lo largo del tiempo.
"Cada dominio responde a una pregunta fundamental: qué es el biomarcador, para qué sirve, cómo se obtiene, qué evidencia respalda su uso y cómo se mantiene actualizado", resumen los investigadores, para quienes esta organización responde a la necesidad de “reunir en una única estructura toda la información imprescindible para que un biomarcador pueda ser comprendido, comparado y utilizado de forma consistente por investigadores, clínicos y organismos reguladores".
Aplicación práctica
Para demostrar que el sistema funciona, los investigadores catalogaron cuatro biomarcadores muy diferentes. Uno de ellos fue el coeficiente de difusión aparente o ADC (apparent diffusion coefficient), un parámetro obtenido mediante resonancia magnética que refleja cómo se mueven las moléculas de agua dentro de los tejidos. Cuando existe inflamación o alteraciones celulares, ese movimiento cambia, convirtiéndose en una medida indirecta de actividad inflamatoria.
También analizaron el SUV (standardized uptake value) de las exploraciones PET con FDG, una molécula de glucosa marcada radiactivamente. Los tejidos con mayor actividad metabólica consumen más glucosa y acumulan más FDG, permitiendo cuantificar procesos inflamatorios o tumorales.
Los otros dos ejemplos representan algunas de las tendencias más innovadoras de la radiología actual: las firmas radiómicas obtenidas mediante TAC —basadas en la extracción automatizada de cientos de características matemáticas de una imagen— y el índice de vascularización medido mediante ecografía Doppler para evaluar la actividad inflamatoria en enfermedades como la artritis reumatoide.
Un proyecto abierto y en evolución
Los investigadores insisten en que la publicación científica representa únicamente el punto de partida y que el próximo paso es publicar el catálogo. “Ahora es fundamental darlo a conocer e implementarlo para que investigadores, clínicos y otros actores del ámbito biomédico puedan utilizarlo y contribuir a su desarrollo", explican los investigadores.
El objetivo final es convertir el catálogo en una herramienta viva y colaborativa. Para ello, el equipo plantea desplegar plataformas que permitan incorporar nuevos biomarcadores mediante procedimientos de evaluación inspirados en la revisión por pares utilizada por las revistas científicas.
Si la iniciativa prospera, el catálogo podría crecer de forma abierta, transparente y sustentada en la evidencia científica, convirtiéndose en una infraestructura común para la investigación biomédica internacional.